¿Es que también necesitamos una escuela para aprender a rezar? Pues en teoría no; pero como en todas las cosas de la vida, siempre podemos aprender algo nuevo que nos permita hacer mejor lo que queremos hacer.

 

Somos creyentes, somos católicos y queremos orar, queremos rezar; orar o rezar es hablar con Dios, nuestro Padre; es hablar con su Hijo, nuestro Señor Jesucristo; es hablar con la Santísima Virgen María, Madre de Dios y madre Nuestra; es hablar con los Santos, buscando su intercesión...

 

Voy a empezar dándoos algunos consejos para iniciar a los niños en la oración:

 

Primero

Los primeros responsables en la enseñanza de la oración con los niños, son sus propios padres. Los niños que tienen la fortuna de tener unos padres cristianos de verdad, dan sus primeros pasos en la oración con los padres. Así los niños van creciendo en un ambiente de oración familiar constante y empiezan a verlo como lo normal en una familia cristiana.

Los padres les deben enseñar las primeras oraciones: el Padrenuestro, el Ave María, la Salve, les enseñan a signarse, a santiguarse, a rezar al levantarse, al acostarse, a bendecir la mesa, etc. etc.

 

Segundo

Cuando queremos enseñar a nuestros niños y niñas a rezar, lo primero que tenemos que enseñarles es a estar tranquilos. Los niños, generalmente son muy nerviosos. Hemos de hacer lo posible para que se tranquilicen. Para lograrlo, lo primero que hemos de hacer es que adopten una postura adecuada que les ayude a relajarse. Os pongo un ejemplo: cuando reuno a los que van a confesarse y a comulgar por primera vez, nos sentamos en el salón y les digo "vamos a empezar hablando con Jesús, sentaos arrimándoos bien a la mesa, los codos encima de la mesa, la espalda recta y las manos juntas, cerrad los ojos y repetid lentamente lo que yo vaya diciendo". Con esta técnica, los niños empiezan a relajarse, se siente tranquilos, se concentran y rezan con mucha intensidad. Lo normal es que la primera vez algunos hagan trampa y mientras rezan, abren los ojos para mirar a sus compañeros; esto es normal; en los días siguientes, suele salir mejor.

Esta técnica da buenos resultados en todas las ocasiones en que se reza en grupo, bien en la catequesis, bien en casa en familia. Supongamos que nos sentamos a la mesa para comer y vamos a hacer una bendición de los alimentos; no estaría bien que los niños estuvieran mal sentados o jugueteando con la cuchara o el tenedor: la postura del niño ya le está indicando que vamos a hacer algo muy importante: a rezar.

 

Tercero

Tengamos siempre en cuenta que la capacidad de atención o concentración de los niños, es muy limitada; por lo tanto, las oraciones nunca deben ser demasiado largas. Los niños tienen en sus cabezas demasiados pajaritos, si la oración se alarga le invaden los pajaritos y lo distraen; por lo tanto, tranquilidad, intensidad y brevedad.

 

Cuarto

Finalmente, es muy importante enseñar oraciones de memoria a los niños; la oración espontánea, no les sale; la mayoría de ellos no son capaces de ponerse delante de Dios, para dialogar con Él según les va saliendo. Esto lo irán consiguiendo poco a poco, en la medida en que vayan creciendo espiritualmente y vayan siendo constantes en la oración.